Entre 1765 y 1790 James Watt convirtió el concepto preexistente de la máquina de vapor atribuido usualmente a Thomas Newcomen, en un invento realmente eficaz, gracias a la incorporación del
condensador externo. A partir de este momento se suceden las tentativas de
conseguir aplicar la máquina de vapor como fuerza motriz de todos los medios de
transporte y en particular el más avanzado de la época: el barco.
En 1783 Claude François
Jouffroy d'Abbans, Marqués de Jouffroy d'Abbans,
bota el "Pyroscaphe" un barco de vapor de 45 metros de longitud, con
ruedas con el que logra remontar la corriente del río Saona, desde Lyon a Santa Bárbara. No obstante, su
condición noble le obliga a emigrar al estallar la Revolución francesa y finalmente murió arruinado en 1832. Curiosamente, la Real Academia Española reconoce la palabra piróscafo,
significando buque de vapor.
En 1797 John Fitch realiza un intento de barco de vapor que ha de abandonar por falta
de apoyo financiero.
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